"Un error no se convierte en verdad por el solo hecho de que todo el mundo lo crea"
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Estracto del Libro Niños indigo nuevos seres para una nueva Tierra.

Nota de esquinamagica.com: Os recomendamos leer este libro a los interesados en el tema por su sencillez de explicacion y su amena forma de relatar las caracteriticas de un gran numero de los humanos llegado en las ultimas decadas a la vida.

"Un índigo no es un ser superior. Es un ser humano distinto, con una nueva conciencia."María Monachesi

 

¿Cómo son los Niños Índigo?

–Estamos escribiendo un libro que habla de los niños, ¿te gustaría dejarles un mensaje a los lectores?
–Sí... Que cuiden el planeta, que no maten a las personas ni a los animales.
Tobías, cinco años

Estas nuevas almas vienen para facilitar nuestra transición a un próximo paso en la evolución de la conciencia humana.
Tienen un conjunto de atributos psicológicos e intelectuales inusuales que revela un patrón de conducta no documentado anteriormente:

Son multidimensionales y altamente sensibles, con muchos talentos y poderes intuitivos.
Instintivamente saben quiénes son, lo que necesitan y lo que es verdadero.
Como poseen una mirada diferente de la vida, tienen otras prioridades, valores y necesidades.
Son muy sensibles a los estímulos. Tienen sus sentidos más desarrollados que el promedio habitual y muchas veces se ven sobrepasados por las energías de su entorno.
Físicamente pueden ser más sensibles a los olores o a los sonidos, por lo cual les resultan generalmente molestas las multitudes y los lugares muy ruidosos.
Pueden percibir los sentimientos no manifiestos de las otras personas sin comprender de dónde provienen. Les cuesta diferenciar entre su propia energía y la de los demás, ya que absorben la energía del ambiente y la de otras personas y la toman como propia.
Como tienen más desarrollada la percepción extra-sensorial (telepatía, clarividencia, etc.) y son extremadamente sensibles, tienen la facilidad de ver rápidamente cuando se intenta engañarlos, ya sea con palabras o con falsas apariencias.
Son muy sensibles a las emociones y tienen una conexión espiritual más profunda.
Pueden ver auras y espíritus alrededor suyo muy frecuentemente, y percibir la energía de las personas y los lugares.
Tienen sueños muy vividos que generalmente recuerdan, y les sirven de guía y ayuda en su vida. Algunos también pueden tener premoniciones.
Poseen una conciencia interdimensional. Algunos tienen recuerdos de sus experiencias antes de encarnar (es decir, antes de venir a esta vida) y muchos ya son concientes de cuál es su misión en la Tierra. Muchas veces tienen conocimientos o sabiduría que trasciende su experiencia inmediata y su edad cronológica.

María Dolores Paoli, especialista en psicoespiritualidad, nos dice en su artículo "Los Niños Índigo":

"Los Niños Índigo son inquietos, les cuesta mucho mantenerse en un mismo sitio y pare-ciera que no se cansan. Esto es porque tienen un alto voltaje de energía. Es como si tuviesen una capacidad de 10.000 vatios pasando por un cuerpito que sólo maneja 100. De ahí que necesitan liberar ese voltaje moviéndose, y se los califica de hiperkinéticos.
Tienden a aburrirse fácilmente de las cosas y sólo ponen atención y concentración en aquello que es de su interés, por lo que los Niños Índigo están teniendo muchos problemas con el sistema educativo, con la autoridad y la memorización.
Ellos aprenden por participación, en forma exploratoria creativa y reflexiva. Les gusta ser autores y no seguidores. Como aprenden más rápido a través de la experiencia que de la enseñanza impartida por otros, se aburren y pierden interés en las cosas con facilidad. Su forma de aprendizaje tiende a ser menos lineal que la del promedio, lo que les dificulta adaptarse a la presentación secuencial de la información utilizada en la mayoría de las instituciones educativas.
Procesan mayor cantidad de información a través del tacto, por lo que necesitan estar tocando algo para fijar mejor la atención. Esto hace que muchas veces parezcan distraídos o con dificultades en la concentración.
Como son particularmente creativos, siempre encuentran una mejor manera de hacer las cosas, tanto en la casa como en la escuela, lo que los hace aparecer como rompedores de sistemas. Son desestructurados en su manera de pensar, ya que utilizan patrones de pensamien-to asociados al hemisferio derecho. A causa de esto, no se relacionan muy bien con los siste-mas que se basan en el orden y el ritual. Por ejemplo: permanecer en fila o sentados en una clase va en contra de su instinto natural. Tienen dificultades para aceptar una autoridad absoluta y no responden a los castigos como método disciplinario.
Son felices estando solos y prefieren jugar con uno o dos amigos que participar en grandes grupos. Parecen antisociales, a menos que estén con seres afines. Por consiguiente, se les dificultan las relaciones sociales, especialmente en la escuela.
Desde muy pequeños se comunican con los ojos; tienen una mirada profunda y sabia".

Todavía recordamos el momento que conocimos a Leandro. La madre nos contó que tenía problemas para concentrarse en el colegio, motivo por el cual nos vino a hacer una consulta.
Si bien para nosotros es habitual trabajar con niños que tienen características especiales, este caso nos llamó particularmente la atención. Telepatía, clarividencia, clariaudiencia, sueños premonitorios... todos estos atributos aquí reunidos en un niño de ocho años que jugaba frente a nosotros armando naves espaciales.
Cuando le preguntamos si podía ver luces de colores alrededor del cuerpo de las personas nos mi-ró asombrado, como si le hubiéramos descubierto uno de sus secretos. En pocos minutos nos pasó a describir con lujo de detalles el contenido de sus visiones.
Lo que nos sorprendió es que a pesar de tener ocho años, nunca había podido hablar de esto con nadie, ni siquiera con sus padres. También recordamos el momento en que, con un dejo de angustia en su mirada, nos preguntó: "¿tengo problemas en la vista?"
Lo que descubrimos en la primera sesión es que necesitaba poder conciliar el sueño, ya que por la noche tenía miedo a causa de escuchar voces constantemente.
Después corroboramos con su madre que Leandro era muy sensible a los ruidos desde su naci-miento, que lloraba permanentemente, que había padecido continuas infecciones en sus oídos y que tenia un nivel de audición tan elevado que le permitía detectar artefactos eléctricos encendidos a grandes distancias.
También nos dijo que ya de más grande le tenía mucho miedo a la oscuridad y que, a diferencia de sus hermanos, nunca había querido quedarse a dormir en la casa de nadie. Luego comprobamos que podía percibir seres de otras dimensiones y que esto lo asustaba muchísimo.
En una sesión, mientras le mostrábamos una serie de técnicas para poder comunicarse telepáti-camente con estos seres que lo atemorizaban, nos preguntó por qué nosotros le hablábamos en voz alta, si el ejercicio era "sin palabras"... En ese momento nos miramos y nos dimos cuenta de que él también poseía ese don. Fue entonces cuando cerré los ojos y pensé las consignas mentalmente. En ese momento, Leandro sonrió y nos dijo que nos entendía perfectamente.
Un tiempo después, su madre nos contó que desde ese entonces duerme mucho más tranquilo y que había empezado a compartir con ella alguna de las cosas que le pasaban. Y lo más importante: nos dijo que a su hijo le había vuelto la alegría.

La misión de los Niños Índigo

–¿Qué harías si descubres que eres una emisaria del amor?
Ayudaría a los seres a amar a Dios sin importar qué religión practiquen. Haría una red para que la humanidad eleve su conciencia. Yo ya lo hago con mi papá que vive lejos, pero voy a probar con otras almas.
Ludmila, 10 años

Los Niños Índigo pueden ser descriptos como seres humanos más amorosos y sensibles. Son portadores del amor universal, nos traen paz y una felicidad natural.
Su propósito es elevar la conciencia de la humanidad, equilibrando la corriente mental analítica que predomina en la actualidad.
Están cambiando las ideas de lo que la sociedad considera necesario, ya que son menos materia-listas y tienen más desarrollada su espiritualidad.
Por eso, con su llegada se están transformando los conceptos de paternidad y de cómo ganarse la vida generando nuevas estructuras que estén en armonía con las nuevas formas de la humanidad.
Nos mueven a implementar nuevos sistemas que no los fuercen a cambiar lo que son, para poder insertarse dentro de ellos.
Tienen internalizados los códigos para construir el nuevo mundo, una nueva estructura con for-mas que tengan como base la unidad y el amor.
Tienen el propósito de elevar la vibración de este planeta empezando por su entorno más inmediato.

José Manuel Piedrafita Moreno, educador español que se define como Adulto Índigo, expresó en un reportaje realizado en Argentina en julio de 2002:

"Ellos, al tener una vibración y características diferentes, se comportan de una manera distinta. Necesitan otras pautas sociales más humanas, más amplias. Su misión principal es cambiar la sociedad.
Son rompedores de sistemas; cambian la sociedad para que el planeta esté listo para la nueva remesa de niños que está viniendo, los Niños Cristal, que tienen una energía armonizadora.
Es su misión ser puente y hacer un mundo más apropiado para lo que va a venir después. A mí me gusta que la gente los reconozca, no que los clasifique".

Distinguiendo a un Niño Índigo

Padres y maestros, preocupados por los niños, a menudo nos preguntan qué hacer ante determinadas circunstancias que se les presentan, y cómo pueden distinguir a un Niño Índigo de uno que no lo es.
Consideramos que es muy peligroso crear un culto alrededor del concepto de "Niño Índigo", y quedarse atrapados por la idea de lo especiales que son.
Los Niños Índigo no deben ser considerados superiores a otros, sino portadores vivientes de capacidades biológicas, mentales y espirituales que están comenzando a despertar en toda la humanidad.
Si el hecho de distinguir a un Niño Índigo de otro que no lo es implica un trato diferente, esto generará un prejuicio y una diferencia entre ambos.
Lo más valioso que pudimos aportarles es reconocer sus dones y ayudarlos a que aprendan a utilizarlos para el bien propio y de los demás. Darles todo el amor, la comprensión y el reconocimiento para que puedan desarrollarse plenamente.
Consideramos que la mejor forma de conectarse con el tema de los Niños Índigo es tener en cuenta que ellos han venido a demostrar que el tiempo ha cambiado y que los cambios que ellos impulsan involucran a toda la sociedad en su conjunto.
Los valores morales y espirituales que nos vienen a mostrar, no son solamente para facilitarles a ellos la tarea, sino que nos involucran a todos en nuestra propia evolución.

Los sobreadaptados

" La presión para adecuarse no es disciplina. La disciplina se manifiesta cuando comprendemos nuestro propio camino."
Betsy Otter Thompson

Desde que comenzamos nuestro trabajo con la Vibración Índigo hemos tenido acceso a mucha información de libros y de Internet. También hemos compartido experiencias con gente que está trabajando con niños adolescentes y jóvenes tanto en la educación como en la salud.
Todo esto, sumado a nuestra propia experiencia, nos hizo dar cuenta que la información que se maneja hace especial hincapié en los niños que evidencian sus síntomas, a los que nosotros hemos denominado niños "sinceros", ya que tienen la posibilidad de exteriorizar, siendo verdaderos espejos de cuanto acontece a su alrededor.
Muchas veces se cree que cualquier caso de hiperactividad o de trastornos de atención tiene una relación directa con la Vibración Índigo, y esto no es del todo cierto.
Es importante comprender que no necesariamente los Niños o Jóvenes Índigo tienen problemas disciplinarios, o son hiperactivos o tienen trastornos en la atención.
En nuestra experiencia de trabajo cotidiano nos hemos encontrado con seres que en apariencia no presentaban mayormente las características mencionadas con anterioridad.

Trabajando con una niña de 10 años, descubrimos que si bien no tenía problemas de atención en la escuela ni era hiperactiva, tenia muchas capacidades auto bloqueadas.
Por ejemplo: no se permitía dibujar porque nunca podía llevar al papel lo que ella imaginaba. Una vez nos mostró un cuadro que le gustaba mucho y dijo que ella no pintaba más porque quería lograr algo como eso, y como no le salía, entonces había dejado de hacerlo.
Cada vez que dibujaba algo lo rompía porque no le gustaba el resultado obtenido, ya que sentía un impedimento al tratar de plasmar en el plano material y concreto lo que percibía en los planos más sutiles.
Esto le producía una sensación de impotencia, que se traducía en una gran exigencia por lograr la perfección y la consiguiente desvalorización de sus cualidades.
Era una niña muy sensible y perceptiva, pero por no tener conciencia de sus dones naturales se volvía dispersa. Ella decía que se entretenía mirando y escuchando "lo que otros no podían ver ni escuchar". Todo este estado le causaba enojo, quitándole la alegría natural de la infancia.

Estos son casos a los que hay que prestar especial atención. No quiere decir que debemos preocuparnos por los niños que se adaptan naturalmente a lo que el ambiente les propone, ya que esto puede ser muy saludable.
Pero debemos observar en detalle a aquellos niños que no se adaptan naturalmente sino que se sobreadaptan, olvidándose de su sentimiento interior y siendo ellos mismos los que bloquean sus dones y cualidades naturales. Y a pesar de ser niños que desde el punto de vista energético se los puede denominar como Índigo, no se manifiestan las características propias de esta vibración a causa de su necesidad de ser aceptados por su entorno.

Esta sobreadaptación proviene de la autoexigencia de querer cumplir con un patrón externo de lo que conforma una idea de aparente normalidad, y por un fuerte temor a ser rechazados.
También los denominamos niños "adultos" ya que no muestran frecuentemente la alegría y la frescura que caracteriza a los niños de su edad. Es muy común verlos más cómodos entre chicos más grandes o con personas mayores.
A causa de control que ejercen sobre ellos mismos cuando se enojan es muy común que se desborden, y de esa forma exterioricen sus verdaderos sentimientos contenidos.
También hemos observado que se debe prestar mucha atención a sus sueños, ya que daría la im-presión de que es la forma en que el inconsciente logra transmitir algunas claves necesarias para que encuentren su rumbo interior.
Recomendamos tener a mano un cuaderno para anotar los sueños, ya que muchas veces hay mensajes que ellos mismos reprimen en estados de vigilia.

El sistema social actual propone una idea de éxito instantáneo y prioriza el premio a los resultados obtenidos sobre los esfuerzos realizados, provocando una presión tanto en los niños como en los adultos.
En el caso de los niños que se sobreadaptan, esta presión se multiplica. Esto hace que pierdan la capacidad de disfrutar del aprendizaje en sí, ya que a causa de pretender lograr el éxito pierden la idea de proceso que implica una constante evolución y aprendizaje en cada cosa que emprenden.
Es recomendable incentivarlos, proponiéndoles técnicas que les permitan cultivar la autodisciplina. Ésta requiere tener un comienzo (punto de partida) y no sentirse vencidos antes de comenzar la tarea.
Por ejemplo: el estudio de un instrumento musical, las artes marciales, el tai chi o el yoga son disciplinas que les permitirán obtener serenidad interior, y conectarse con la idea de aprender sin sentirse presionados por alcanzar un resultado determinado, ya que estas disciplinas en sí no plantean un logro en relación a un tiempo preestablecido.
Es indispensable la actitud que tomen los adultos que los acompañan. La idea es no premiar los resultados, sino los esfuerzos por superarse a sí mismo. Permitirles comprometerse con una actividad que les agrade, ya que cuando descubran su verdadero talento no hará falta obligarlos a concentrarse porque estarán llenos de entusiasmo, sin una palabra de nuestra parte.
Por lo tanto, autoexigencia no es lo mismo que autodisciplina, ya que ésta lleva naturalmente al conocimiento de sí mismo, desbloqueando dones y permitiéndoles fluir naturalmente.

Los maestros Índigo

Frecuentemente nos encontramos con padres que esperan escuchar que sus hijos son especiales. Incluso a muchos de ellos les gustaría que les digan que sus hijos son Maestros Índigo.
Pero el hecho de poseer algunas o muchas de las características vibracionales de esta frecuencia no garantiza que estemos ante la presencia de uno de ellos.

A continuación, compartiremos otro extracto del libro Niños Índigo. Guía para padres, terapeutas y educadores, de Nina Llinares:

"Poseer las características de la Frecuencia Índigo o gran parte de ellas no quiere decir que uno sea un Maestro Índigo. ¿Cómo saberlo? A todos los padres les gustaría escuchar que su niño es especial.
Un Maestro Índigo es un ser que jamás ha sido humano en la tercera dimensión de conciencia, o sea, que nunca ha estado encarnado con anterioridad en este planeta. Su vibración es elevadísima y trae características diferentes que mejorará las cualidades de la raza huma-na.
Es potencialmente un Maestro de Misericordia y un Guardián de la Esperanza; por lo tanto, la humildad es su consigna. Es capaz de realizar auténticas obras creativas con míni-mos recursos, porque también en eso su naturaleza creadora se abrirá camino en su vida co-mo ser humano.
Apenas siente apego por su propia familia; simplemente los quiere profundamente pero no se lo podrá manejar con chantajes emocionales. Trae sanación para la humanidad, aun-que mayormente actúe desde el anonimato. Viene a cambiar la sociedad, sea cual sea el lugar que ocupe dentro de la misma".

Sin embargo, Maestros Índigo o "niños de las estrellas" que nunca han estado encarnados en este planeta anteriormente y que traen como misión facilitar a la humanidad el salto frecuencial a cuarta y quinta dimensión, sólo habrá actualmente menos de un centenar en todo el planeta, siendo la mayoría aún bebés o niños pequeños. Su ADN ya es diferente al actual.

¿Es su hijo un Niño Índigo?

Para descubrirlo, hágase estas preguntas:

1. ¿Vino su hijo al mundo con un sentido de realeza, y actúa como tal?
2. ¿Tiene un sentimiento de merecer estar aquí y ahora?
3. ¿Tiene un evidente sentido de identidad?
4. ¿Tiene dificultades con la disciplina y la autoridad?
5. ¿Se rehúsa a hacer ciertas cosas que se le ordenan?
6. ¿Es para su hijo una tortura esperar haciendo colas?
7. ¿Se siente frustrado hacia sistemas estructurados y rutinarios que requieren poca creatividad?
8. ¿Encuentra mejores maneras de hacer las cosas que las que les sugieren en la casa o la escuela?
9. ¿Es su hijo un inconformista?
10. ¿Se rehúsa a responder a la manipulación o el manejo mediante el uso de la culpa?
11. ¿Se aburre fácilmente con las tareas que se le asignan?
12. ¿Tiene síntomas de desorden de atención o hiperactividad?
13. ¿Muestra capacidad intuitiva?
14. ¿Es particularmente creativo?
15. ¿Demuestra empatía o preocupación por los demás?
16. ¿Desarrolló pensamiento abstracto a muy temprana edad?
17. ¿Es muy inteligente y/o dotado?
18. ¿Ha descubierto la disposición a soñar despierto?
19. ¿Tiene una mirada profunda y sabia?
20. ¿Manifiesta pensamientos o conceptos espirituales con naturalidad?

Si usted ha respondido afirmativamente por lo menos 10 de estas preguntas, él o ella probablemente sea un Niño Índigo. Si son más de 15 las respuestas positivas, casi definitivamente lo es.

Compilación basada en la propia experiencia con niños de Wendy H. Chapman (www.metagifted.org) y en la información suministrada por los especialistas Lee Carroll y Jan Tober en su libro "Los Niños Índigo", traduci-do al castellano por María Monachesi.


¿Es usted un adulto índigo?

Sí, usted puede ser un Adulto Índigo; la Frecuencia Índigo no ha empezado a llegar recién ahora. El número va aumentando más y más hasta que serán muchos, imposibles de ser ignorados

.
Reconocemos estas características en los Adultos Índigo:

1. Son inteligentes (aunque no necesariamente los mejores promedios).
2. Son muy creativos y les encanta construir cosas.
3. Siempre preguntan por qué (especialmente cuando se les pide que hagan algo).
4. Sienten disgusto y quizás aversión por las tareas muchas veces caducas de la escuela, como la repetición.
5. Fueron rebeldes en la escuela, rechazando hacer las tareas, o cuestionando la autoridad de los maestros, o bien desearon seriamente ser rebeldes pero no se animaban por la presión de los padres.
6. Pueden haber experimentado muy temprana depresión existencial y sentimientos de vulnerabilidad. Pueden haber pasado de tener sentimientos de tristeza a una completa desesperación. Haber tenido sentimientos suicidas durante la secundaria o más temprano son bastante comunes en los Adultos Índigo.
7. Tienen resistencia a la autoridad y a los sistemas de empleo jerárquicos.
8. Prefieren esfuerzos cooperativos a posiciones de liderazgo o individualidad, si su experiencia es valorada.
9. Tienen profunda empatía con otros, pero son intolerantes frente a lo que consideran una estupi-dez.
10. Son extremadamente emocionales, incluyendo llanto repentino (sin escudos o protección) o no expresando ninguna emoción (escudo defensivo).
11. Disienten con la mayoría de los sistemas políticos, educacionales, médicos y legales, teniendo problemas de orden emocional, mental, o físico.
12. Indiferentes a la política, sienten que su voz no contará y de cualquier modo al final el resultado no valdrá la pena.
13. Muestran enojo o furia al sentir que los derechos les son quitados.
14. Sienten una necesidad quemante de hacer algo que cambie al mundo para que sea mejor. Pueden sentirse bloqueados para actuar
15. Tienen capacidades psíquicas o espirituales desde temprana edad (a partir de los 10 años o antes).
16.Tienen una fuerte intuición.
17. Presenta patrones mentales o de comporta miento desorganizados (síntomas de Déficit de Atención). Pueden presentar problemas para concentrarse en las tareas, salvo en aquellas de su propia elección.
18. Han tenido experiencias psíquicas, como ver ángeles, oír voces, premoniciones, etc.
19. Son sexualmente expresivos y creativos, o bien rechazan la sexualidad por aburrimiento. Pue-den explorar, alternando diferentes tipos de sexualidad.
20. Buscan significado en la vida y entendimiento del mundo mediante la religión, organizacio-nes espirituales, libros, grupos de autoayuda o individualmente.
21. Si encuentran balance se convierten en seres fuertes, saludables y alegres trabajadores de la luz.

Tal es la opinión de la especialista Wendy H. Chapman, basada en trabajos con otros Adultos Índigo y en la extrapolación de los indicadores de los actuales Niños Índigo proyectadas generaciones hacia atrás.

¿Un nuevo ADN?

Como la energía del planeta está cambiando, también el cuerpo físico necesita modificar su bio-logía para poder adaptarse a una vibración más sutil.
Los niños que están llegando al planeta tienen un nivel de conciencia más elevado.
Esto no implica que sean físicamente diferentes, sino que pueden tener un mejor desempeño por-que su conciencia está más expandida.
Por lo tanto, la estructura de su ADN (ácido desoxirribonucleico) debe funcionar acorde a ese ni-vel de conciencia.
No es el ADN el que expande la conciencia, sino que es la conciencia la que expande el ADN. No es que el ADN sea superior, sino que la conciencia es más elevada.

–¿Qué es el ADN?
El ácido desoxirribonucleico es el portador de la información genética que está codificada en las células. Los genes controlan las formas y funciones de las células, tejidos y organismo. Metafóricamente, el código genético podría compararse con un código de lenguaje escrito.
Por esta causa, la genética en los Niños Índigo parece haber cambiado respecto de la de los demás seres humanos.
En ellos, los genes de algunos neurotransmisores especiales producen la activación de mayores zonas del sistema nervioso central. Esto permite activar información y capacidades que hasta ahora estaban dormidas para la mayoría de los seres humanos, permitiendo un salto evolutivo para toda la especie.

Más opiniones de la ciencia

La Universidad de Los Ángeles (UCLA), California, realizó estudios que llevaron a los científicos a afirmar lo siguiente:
"Cuando experimentamos mezclando células de Niños Índigo con dosis letales de SIDA y con células cancerosas, estas enfermedades no tuvieron efecto alguno sobre las células de los infantes".

El experimento concluyó afirmando que los Niños Índigo son inmunes a la mayoría de las enfer-medades. Pero esto no quiere decir que si un niño enferma no es Índigo; todas las enfermedades tienen un origen mental, y la salud física del ser humano tiene una relación directa con su salud mental.
Si una persona tiene problemas relacionados con la energía de su alma, tarde o temprano manifes-tará una enfermedad de la índole que ésta sea, más allá de su condición de Índigo.

Federico es un niño de ocho años que casi nunca ha sufrido un resfrío o levantado fiebre, y ni si-quiera ha padecido las enfermedades que son comunes en la infancia. Su madre nos contó que él se ha llegado a enojar por no enfermarse como sus compañeritos de la escuela.
A través de nuestro trabajo, hemos comprobado que la causa de su inmunidad a las enfermedades está relacionada con su ausencia de juicio. Su madre nos comentó que Federico es una gran ayuda para su trabajo (ella es escritora), ya que él tiene un gran ojo para detectar los errores y para la crítica. Pero incluso cuando le marca las equivocaciones, no llevan una carga de juicio, sino que las dice simplemente como una corrección. Incluso en situaciones límite, él hace una descripción de los hechos pero sin ninguna carga emocional.

Otra investigación científica salió a nuestro encuentro cuando buscamos más información sobre la relación entre el juicio y las enfermedades. Encontramos que Gregg Braden, científico que trabaja en la relación existente entre la ciencia y lo espiritual, también había detectado este fenómeno.
Considera que los nuevos niños tienen un nuevo ADN porque han eliminado el juicio y están en un estado amoroso, vivenciando todo como una unidad y viendo un propósito más elevado detrás de todas las cosas...
Atribuye la mutación del ADN, entonces, a tres causas principales:
1. Ver la unidad. La mente percibe todo interconectado
2. Ser amoroso. Estar centrado en el corazón.
3. Salir de la polaridad. Dejar de juzgar al mundo.

En nuestro trabajo hemos observado que el bloqueo de estas tres características proviene del temor a mostrar vulnerabilidad y sensibilidad, por miedo a que el entorno se aproveche de ellos.
El temor a fracasar es lo que los hace aparentar como fuertes en todas las circunstancias, haciéndolos caer en una idea de justicia equivocada que finalmente los aleja de su sabiduría innata y de su conexión con la unidad.
Esta separación es lo que los lleva a padecer enfermedades, ya que comienzan a vivir en función de las cosas que suceden fuera de ellos en lugar de seguir conectados con su verdad interior.

Una forma distinta de aprender

En estas últimas décadas, hay una enorme cantidad de niños diagnosticados con Déficit de Atención (ADD) e Hiperactividad (ADHD), que va aumentando con el paso del tiempo.
Los síntomas más comunes de estos dos síndromes son la distracción, la impulsividad y la hiper-actividad, y se caracterizan por la inhabilidad para mantener la atención enfocada.
La nueva generación de niños tiene características que al ser desconocidas por padres y maestros, los lleva a ser etiquetados como niños con "problemas" o con "dificultades" en el aprendizaje, ya que estos síntomas son socialmente molestos y difíciles pala la convivencia.
En realidad, estos niños tienen un nivel de inteligencia más elevado que el promedio al que está-bamos acostumbrados y tienen una manera distinta de aprender, ya que utilizan capacidades que en la mayoría de los adultos se encuentran dormidas.
Si podemos escuchar su mensaje veremos que lo que necesitan es que la educación se adapte a ellos para que puedan manifestar todos los dones que traen consigo, y para que los adultos también podamos evolucionar despertando estas capacidades en nosotros.
Este capítulo tiene el objetivo de descubrir a aquellos niños que, por tener capacidades diferentes, han sido etiquetados con un diagnóstico que no les corresponde. Porque cuando logramos despertar su entusiasmo, no tienen la menor dificultad para lograr la concentración y la atención necesaria para realizar aquello que realmente les interesa.
Por lo tanto, este diagnóstico puede llegar a ser más traumático que el síntoma mismo, haciendo en muchos casos que el niño bloquee sus propios dones y subestime sus capacidades, sintiéndose disminuido.
Por eso, antes dar un diagnóstico es importante que sean consideradas otras posibles causas para estos síntomas, teniendo en cuenta las características de estos niños y lo que nos están queriendo transmitir a partir de su comportamiento.

Aburrimiento

Es posible que las actividades escolares les parezcan aburridas, monótonas, repetitivas, sin creatividad, rígidas, impositivas, que no dejan espacio para el intercambio o que sientan que su forma de aprender no se amolda a la del colegio.
Si tenemos en cuenta que cada vez más niños aprenden básicamente de forma kinestésica (es decir, a través del tacto y el movimiento) y que traen una mayor activación del hemisferio derecho (que se caracteriza por recibir y procesar la información de forma creativa, intuitiva, telepática, a través de la música, el color o la imagen), es necesario reformar el sistema educativo para que pueda adaptarse a las necesidades de todos los niños y no sólo de aquellos que aprenden en forma lógica y racional, auditiva o visual.
Si cada niño es respetado en su individualidad y posibilidad de desarrollar sus dones y capacida-des, su energía se canalizará en forma adecuada, ya que la experiencia ha demostrado que estos niños considerados "problemáticos" no están disminuidos en comparación con el resto de los niños, sino que pueden llegar a superarlos en muchos casos.
En el artículo "Aburrimiento y sinceridad" publicado en el libro Los Niños Índigo, de Lee Carrol y Jan Tober, la maestra auxiliar de Jardín de Infantes y Primaria Debra Hegerle expresa:

"El aburrimiento puede traer arrogancia en los Índigo, así que es importante no dejar que se aburran.
Esta arrogancia es señal de que necesitan un nuevo desafío y nuevas fronteras. Alimentando sus cerebros y manteniéndolos ocupados es la mejor forma de sacarlos del cuadro de la hiperactividad.
Sin embargo, si hacen todo esto y aún hacen travesuras ocasionales, es porque están creando una experiencia de vida para sí mismos que, si se observa con más cuidado, podrá revelarles mucho sobre su plan de vida".

Sobrecarga energética

Muchas veces, estos niños tienen problemas para adaptar su vibración al cuerpo físico y esto se refleja en un exceso de energía que necesitan canalizar para poder enraizarse. Si esto no se logra, el niño se muestra hiperactivo, con mala conducta, distraído, etc.
Esta vibración más elevada también hace que muchas veces estén percibiendo y focalizando pla-nos más sutiles y que parezca que no están conectados con lo que sucede a su alrededor.
Esto hace que no puedan conectar consistentemente con la mente lineal o la realización de objeti-vos lineales, demostrando falta de atención ya que su energía está concentrada en un plano diferente.
Lo que necesita es ser estimulado para interesarse también por lo que ocurre en su entorno, dado que sus características le permiten recibir estímulos en forma múltiple, es decir, realizar varias actividades a la vez.
En la escuela, la fuente principal de información es generalmente la maestra y hay una secuencia lineal para hacer las cosas, lo que les provoca una necesidad de descargar la energía que no utilizan, ya sea levantándose de sus asientos, molestando a los compañeros o hablando constantemente.
La educación necesita ampliar su espectro para contener a estos niños, dándoles opciones para el desarrollo de la clase y tomando en cuenta sus opiniones y necesidades, transformando así la enseñanza en un proceso cocreativo entre el maestro y los alumnos.
Por otra parte, estos niños necesitan estabilizar su energía y es importante que descubramos cuál es la forma adecuada para cada uno.
Debemos tener en cuenta su alimentación, su entorno familiar, la posibilidad de tener una co-nexión con la naturaleza, el uso de visualizaciones, meditaciones y ejercicios físicos adecuados, etc. que les permita enraizar toda esta energía sin bloquear sus capacidades innatas.

Incomprensión familiar

Esta nueva generación de niños presenta la característica de tener una gran sensibilidad y un desarrollo mayor de la telepatía que generaciones anteriores.
Esto hace que necesiten de un entorno familiar coherente y comprensivo que les permita corrobo-rar que sus percepciones son correctas.
Al ser tan sensitivos, también absorben las energías del medio ambiente como si fueran propias, por lo que necesitan de un ambiente tranquilo y amoroso para poder desarrollarse.
Muchas veces, lo que muestran con sus acciones es el doble mensaje que reciben del entorno: los desacuerdos entre los padres, las angustias y preocupaciones de los adultos, etc. que, al no ser expresa-das, los desestabilizan provocando trastornos que son atribuidos a problemas neurofísicos y no a su verdadera causa.

Desvalorización de los atributos del hemisferio derecho

Estos niños traen más desarrolladas las características del hemisferio derecho (intuición, creativi-dad, telepatía, fluidez, expresión por el arte, etc.).
Como nuestra sociedad -y por ende nuestra educación- valora la lógica y la racionalidad (atributos del hemisferio izquierdo) por sobre las cualidades del hemisferio derecho, estos niños se sienten rechazados o tienen miedo de no ser aceptados por su manera diferente de percibir la realidad.
Esto hace que muchas veces se transformen en niños agresivos o violentos, ya que el grado de frustración que sienten por sentirse incomprendidos es muy grande.

Necesidad de reafirmar lo que perciben

En muchos casos, al tener la capacidad de captar la información en forma simultánea tanto si se expresa como si solamente se piensa, les cuesta esperar su turno para hablar o actuar, interrumpiendo constantemente, porque ya han percibido el contenido energético y sólo les resta reafirmarlo.
Esto hace que sean calificados de impulsivos, pero lo que necesitan es corroborar que su percepción ha sido correcta y aprender a respetar las formas de los demás que perciben de manera diferente.
A partir de estas pautas, como adultos, padres y educadores debemos reflexionar sobre el mensaje que estos niños nos están dando a través de su comportamiento.
Ellos no tienen desórdenes, sino que viven en un mundo desordenado.
Cuando reciben un ambiente más armonioso, mejoran rápidamente su comportamiento, porque de alguna manera están cumpliendo su objetivo, que es lograr que los adultos tomemos conciencia del mundo en el que vivimos y hagamos los cambios necesarios para poder transformarlo en un mejor lugar. Un sitio en el que tanto niños como adultos podamos desarrollarnos felizmente y con plenitud.
Ellos necesitan de nuestro apoyo, y no que los califiquemos de enfermos, conflictivos o anormales.
Cuando, en lugar de intentar adaptarlos a lo que consideramos los estándares normales, comencemos a considerar cuáles son sus verdaderas necesidades y a poner atención en lo que tratan de decirnos, estas conductas irán desapareciendo porque su misión comenzará a cumplirse.

Ezequiel, un niño de siete años, llegó a nuestro lugar de trabajo en marzo de 2002 con aparentes problemas de hiperactividad y falta de atención. Su madre nos contaba que realmente no sabía cómo manejarlo, ya que nunca había atravesado por esta situación con sus hijos mayores.
Desde el primer momento en que tomamos contacto con él nos sorprendió su profunda compren-sión de temas espirituales y todo lo relacionado a la ecología y la naturaleza.
La madre nos comentó que desde el nacimiento era alérgico a la carne.
Cuando le preguntamos a Ezequiel el motivo por el cual no comía carne, nos contestó: "Si comes un animal, a la madre no le gusta que le comas al hijo. Yo no como carne porque no me gusta matar animales, no me gusta matar absolutamente nada".
Nos comentó que podía ver ángeles, y nos agregó: "Un ángel es una parte de Dios, Dios los creó para que lo ayude con todas las cosas. Veo muchos ángeles en todas partes. Hay algunos verdes, rosas y violetas, naranjas. Miran lo que hacemos. Todos adentro tenemos un ángel".
Cuando le preguntamos qué misión tenían los seres humanos, nos contestó: "A Dios le gustó la idea de que estemos acá. Dios hizo al hombre con una misión, ayudarnos los unos a los otros. Dios hizo la familia para que nos acostumbremos a vivir entre todos. Porque si vivimos solos, ¿cómo hacemos para ayudarnos? Uno no tiene padres equivocados. Tenemos que aceptar a los padres que nos tocaron porque siempre van a ser los padres.
Nosotros ayudamos a Dios cumpliendo lo que dijo uno tiene que aceptar al otro hasta que uno se muera o hasta que el otro se muera.
Tenemos que aceptar todo lo que nos pasa, porque Dios es el que elige, no uno.
Mi misión es la misma que la de todos. Ayudar a los demás. Antes de estar en la panza era una parte de Dios, ahora también lo soy ".
Después, seguimos con el diálogo:
–También puedo ver duendes. ¿Ves? Aquí hay uno.
–¿Y qué está haciendo?
–Está ayudando a las plantas a crecer.
–¿Cómo hacés para verlos?
–Si te concentrás y querés mucho, vos también los podés ver.
–Ezequiel, ¿cuál es la misión de los niños?
–Los niños van a salvar la Tierra no contaminando el planeta, no fumando cuando sean grandes, y esas cosas.
–¿Cuándo uno se muere qué pasa?
–Cuando te morís, te transformás en una pieza de rompecabezas que es una parte de Dios.
–¿Y los maestros?
–Los maestros tienen que decirles a los niños cuando se equivocan y darles otra oportunidad.
–¿Ves colores en la gente?
–Las personas tenemos un color alrededor, es el espíritu. El espíritu es una cosa que te ayuda a estar vivo. También necesitamos un corazón. Yo veo el color alrededor de las personas. Cuando las personas se enojan se ponen de color negro. El planeta tiene color verde.

Cuando hablamos con su mamá, nos dijo que a partir del nacimiento de Ezequiel ella y su esposo buscaron apoyo en algunas terapias alternativas que los ayudaron a comprenderlo, y a entender muchas cosas en relación a su comportamiento.
Nos contó que ellos están aprendiendo a ejercer la tolerancia y la paciencia, ya que el niño recla-ma mucha atención por parte de ellos.
También nos confesó que los sorprendió mucho que, a pesar de no pertenecer a una familia reli-giosa, a los cuatro años comenzó a hablar de Dios, diciendo que era su amigo y que siempre lo escuchaba.
Para terminar la charla, nos relató esta anécdota: "Ayer, a la salida del supermercado había un ni-ño pidiendo dinero. Él quería darle una moneda pero en ese momento yo le dije que no tenía, ya que las que me van sobrando las guardo para colaborar con el comedor de su escuela.
Él siguió insistiendo y entonces le dije que no se preocupe ya que seguramente alguna otra perso-na le iba a dar, pero me dijo que las personas que tienen dinero normalmente no ayudan a los chicos pobres, sino que prefieren comprarse algo más caro sin ninguna necesidad.
Me dio el ejemplo de un reloj de oro, y me preguntó: ¿Para qué necesitan que sea de oro si el reloj sirve para saber la hora? ¿Por qué no se compran uno más barato y le dan el dinero a los que no tienen?
Siguió hablando del tema hasta que se cansó. A la hora de la cena, me dijo que no quería comer. Cuando le pregunté el motivo, me contestó que él no podía comer mientras que a otro nene le faltaba la comida".
Cuando le preguntamos a Ezequiel sobre su relación con su maestra, nos comentó que se sentía muy comprendido y contenido por ella. Entonces, la invitamos a contar brevemente su experiencia en el aula con un niño de estas características.

La maestra María Fernanda del Rosso, de la Escuela Nº 11 Bernardino Rivadavia, de Rawson, Argentina, nos envió una carta cuyo fragmento reproducimos aquí:

"Al comenzar mi relación con Ezequiel, había momentos en que las normas generales de comportamiento que crearon los propios alumnos no tenían respuestas satisfactorias en él. Dialogamos muchísimo sobre ello y una tarde le pregunté si sentía que yo lo respetaba. Con mirada tiernísima me respondió que sí, entonces le pedí que me diera la oportunidad de reci-bir lo mismo que yo le ofrecía. Desde ese día las cosas cambiaron absolutamente.
Es un niño muy cariñoso, que al principio exteriorizaba su afecto con cierta timidez pero no ahora. Es muy reflexivo; opina siempre sobre todos los temas que se trabajan. Necesita in-centivo constante para realizar sus tareas en el cuaderno, que a veces quedan incompletas al final de la jornada, hecho que no se manifiesta en sus notas ya que su participación en clase es excelente. En el primer mes del año lectivo le costaba respetar algunas consignas sociales pero lo superó a través del diálogo.
Hace algunos días, después de haber narrado un cuento en el que uno de los protagonis-tas era un ángel, Ezequiel se acercó hasta el escritorio y me contó en voz baja que él podía ver y oír a los ángeles.
Le pedí que si había uno en el salón le preguntara su nombre; se alejó unos pasos de mí y después de hablar muy bajo y gesticular regresó diciéndome que se llamaba Matías.
Luego dibujaron en el cuaderno el cuento. Me mostró su ángel y cuando le dije lo her-moso que había quedado me respondió que había sido fácil hacerlo porque había retratado a uno de los ángeles presentes.
Apenas salí de la escuela me dirigí a la Biblioteca Pública a retirar un libro sobre los ni-ños y los ángeles, que sin Ezequiel jamás hubiera elegido como material de lectura.
Mi recomendación para otros docentes es el respeto por todas las diferencias, la valora-ción de todo lo que el niño es capaz de brindar y no la exaltación del error. Si el niño tiene di-ficultades en la aplicación gráfica de una tarea se le debe permitir la reflexión oral y otro tipo de ejercitación. Por ejemplo: ante un cuestionamiento escrito, si sé que Ezequiel es capaz de responder correctamente las preguntas, no necesito que conteste 20 sino las que considero principales para verificar la comprensión lectora.
Mi relación con Ezequiel es única, como lo es con cada uno de mis alumnos, ya que to-dos tienen algo en común y algo en particular para respetar y valorar".

En otra oportunidad, al finalizar una conferencia, se nos acercó Daniel, un joven de Buenos Aires de 28 años. Nos comentó que se sentía identificado con lo que acabábamos de exponer acerca de los sobre adaptados. Cuando escribimos este capítulo, pensamos que sería muy útil compartir un extracto de su experiencia. Por eso la incluimos aquí:

"Mi infancia y adolescencia fueron relativamente tranquilas y precisamente ése era mi objetivo, haciendo todo lo necesario para lograrlo.
Si había que estudiar, estudiaba; si tenía que trabajar, me buscaba un trabajo; si tenía que pasar desapercibido, lo hacía. Simplemente me dejaba llevar y hacía lo que había que hacer y listo. Entonces, yo siempre cumplía, pero el problema mayor que tenía era que no me entusiasmaba con nada.
Me adaptaba perfecto a cualquier situación y sentía que eso era una virtud. Con el tiem-po empecé a sentir que en realidad era un problema, no sólo porque no hacía lo que quería, sino que ni siquiera sabía qué era lo que realmente me gustaba.
Me esforzaba tanto por encajar en mi familia, en el colegio o donde fuera que perdí la noción de qué era lo que realmente quería y qué no.
Unos años más tarde, cuando estaba terminando la secundaria, me angustié mucho cuando me di cuenta de que ya era hora de empezar a tomar mis propias decisiones, y la falta de costumbre no me permitía ver con claridad qué quería hacer de mi vida.
Así que me anoté en un curso de orientación vocacional para que me digan qué hacer.
Después de varios tests, me dijeron que era muy creativo. Entonces decidí cursar publicidad.
Cuando comencé a trabajar en una agencia, noté que mis compañeros se apasionaban con lo que hacían.
Todo el tiempo estaban pensando en publicidad y sin embargo a mí eso no me pasaba. No me podía entusiasmar ni siquiera con la carrera que yo mismo había elegido.
Fue entonces cuando empecé a tener sueños muy vívidos que me produjeron gran angustia. Me despertaba en la mitad de la noche gritando aterrorizado por la imagen de un ser negro y encapuchado que aparecía en todas mis pesadillas.
Cuando me mudé comencé a ver a otro ser más luminoso, y aunque ya no me asustaba tanto, no sabia qué hacer.
Empecé a reflexionar sobre lo que veía. Al principio pensaba que esa figura oscura simbolizaba algún miedo o situación traumática que no podía sacar a la luz.
Pero luego comencé a sospechar que quizás, más que un sueño, era algo que de alguna forma estaba ahí y yo en un estado de conciencia especial ("estado crepuscular", según el neurólogo) lo podía ver.
Luego de una serie de estudios me dijeron que lo que tenia era una capacidad especial, como un sexto sentido, que me permitía ver y percibir otras realidades en determinadas cir-cunstancias.
Me explicaron que todo lo que me estaba pasando era parte de un aprendizaje y lo peor que podía hacer era tomar una medicación que tape o censure esa capacidad. Porque en ese caso lo que tenía que aprender me iba a venir de una forma más fuerte o violenta para hacerme reaccionar.
Me aconsejaron dar cauce a este don y me enseñaron varias técnicas para poder recibir los mensajes de una forma armoniosa.
A partir de ese momento, seguí teniendo esos sueños reales pero empecé a ver otro tipo de cosas que me servían de guía para lo que necesitaba aprender de mí mismo y de mi proceso.
Comencé a hacer mis primeras elecciones, y aunque mis amigos y familiares muchas veces me miraban con cierto recelo, yo seguía haciendo lo que había elegido.
Por primera vez no me importó encajar; por primera vez no quise agradar a nadie y por primera vez me pude entregar con toda mi alma a cosas que realmente me hacían sentir pleno.
Unos meses después me llegó un mail invitándome a una charla sobre Niños Índigo.
Era la primera vez que escuchaba sobre el tema y sin embargo sentía una gran curiosidad. Le pedí a mi mujer -que estaba embarazada- que por favor me acompañara, porque sentía que esto tenía que ver con nuestra hija.
Fuimos y lo primero que escuché es que a los chicos que tienen esta vibración se los llama Índigo porque su aura es de color azul. Con mi mujer nos miramos y un escalofrío me re-corrió todo el cuerpo. Yo había tenido una visión en la que estaba mi hija vestida toda de azul y encajaba perfecto con todo lo que estaba escuchando. Pero a medida que continuaba la charla y hablaban de las características de los Adultos Índigo sobreadaptados, otra vez sentí ese escalofrío.
Cuando terminó la reunión, me acerqué a Eduardo y arreglé una entrevista para verlo y contarle las cosas que me estaban pasando, mis sueños y visiones.
En el segundo encuentro que tuvimos, en el medio de la sesión, me conecté con mi hija, quien me dijo el nombre que quería que le pongamos.
Creo que esta conexión especial que tengo con ella es una confirmación más de que, por fin, estoy transitando mi camino.
Siento que todo esto es el comienzo de algo muy grande y hermoso, que es empezar a co-nocer y a cumplir nuestra misión en esta vida, y que la clave para encaminarnos es prestar atención a nuestras capacidades y habilidades. Son esas cosas que todos tenemos pero gene-ralmente no las valoramos ni tratamos de potenciarlas.
Yo tardé mucho tiempo en darle a los sueños la importancia que realmente tiene. Esto me permitió encontrarle un sentido más profundo a la vida y empezar a desbloquear mis capacidades dormidas".

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OM BISHUA SANTHI HUM